Si cuando te deja en casa te escribe o te llama, le gustas.

Si cuando te deja en casa te escribe o te llama, le gustas. Y esto es así. Siempre lo ha sido. Y siempre lo será.
Esa frase se me ocurrió una noche estando de copas con una amiga, y creo que tengo toda la razón. Si después de tener una cita con alguien, esta persona se molesta en escribirte justo después por Whatsapp, Line, Viber, cualquier red social, o te llama, es porque le gustas. Le gustas de tal manera que, a pesar de que la cita ha terminado, se ha quedado con ganas de seguir contigo. Se ha quedado con ganas de seguir hablando y mirándote. Tiene ganas de seguir besándote y si hubiera sido por él (o ella), la cita no habría terminado aún.
Después de esa noche en la que se me ocurrió esa frase, decidí comenzar a ponerlo en práctica de verdad. En todas las citas que he tenido después he podido comprobar si por parte de las otras personas había interés o no.
La primera persona con la que lo comprobé, he de decir que estuve hasta nerviosa esperando a ver qué hacía. Habíamos estado en Sol toda la tarde, y justo cuando estaba entrando al metro, me llegó su primer mensaje de whatsapp. En él, el chico seguía la conversación que estábamos manteniendo justo antes de dejarme en el metro. Yo tardaba una hora y poco hasta que llegara a casa, y aún así, seguimos hablando durante casi dos horas más.
En este caso, como podéis imaginar, yo estaba realmente contenta de que me hubiera escrito al final de esa cita. Recuerdo sus besos y he de confesar que me encantaron.
Por diversos motivos, él y yo ahora sólo somos amigos, pero he de decir que le quiero muchísimo y que él a mí también y que ambos nos hemos quedado con lo mejor de todo y que espero que sigamos siendo amigos durante mucho tiempo.
El segundo caso fue una cita con el vecino de una amiga mía. Fuímos a cenar, al cine y después a tomar una copa. Cuando estábamos entrando al bar, ví que, sentado en la barra, estaba un compañero de mi clase de inglés de por las tardes, así que fui a saludarle. Al final intercambiamos los números de teléfono y volví con el chico con el que había ido a tomarme mi copa. He de reconocer que estuve más tiempo pendiente de mi compañero de inglés que del chico con el que había ido.
Recuerdo que al irme, se me acercó un tercer chico con un jersey verde, como el que llevaba mi compañero de inglés, pero no recuerdo ni su cara porque yo iba a despedirme ya, y tenía claro mi objetivo por decirlo de alguna manera.
Me despedí con dos besos y una sonrisa enorme y quedamos en vernos pronto.
Cuando el chico con el que estaba teniendo la cita me dejó en casa, le dí dos besos y me metí en casa. No le escribí ni me escribió. No le llamé, pero él siguió llamándome a mí durante casi un mes más, hasta que debió darse cuenta de que no me interesaba.
Al día siguiente de esa desastrosa cita en la que me había encontrado con el chico de inglés, me llegó un whatsapp. ¿Adivináis de quién era? Era del chico de inglés.
Como podéis imaginar, a mí me hizo más ilusión hablar con él que el que me llamara durante un mes el de la cita de la noche anterior.
Con el chico de la clase de inglés quedé la semana siguiente. Pasamos un buen rato juntos, nos conocimos un poco mejor y cuando me dejó en casa nos despedimos con unos besos. Es cierto eso de que los besos de ciertas bocas saben mejor.
Una vez que entré en casa y empecé a desmaquillarme, ví que me mandaba un whatsapp para decirme lo bien que se lo había pasado conmigo y que tenía ganas de volver a quedar conmigo. En ese momento, teniendo en cuenta que reconozco que sí que me gustaba un poco, me faltaba dar saltos de alegría.
Cuando tienes una cita, que además de salir bien, termina con un beso y con contacto por parte de la otra persona, está claro que hay algo más. Está claro que no sólo hay atracción física, sino que hay cariño. No hablo de amor, eso son palabras mayores, pero hablo de cariño. De ganas de la otra persona. Incluso de echar de menos.
Cuando volví a quedar con el compañero de inglés, al final tuvo que dejarme en casa porque estaba muy cansado y era muy tarde, pero, a pesar de estar muerto de sueño, me escribió al llegar a casa.
Por cosas así, sé que una parte de él me llamará de nuevo.
Siempre os pregunto a vosotros si os ha llamado esa persona especial, os he contado alguna vez si a mí me ha llamado o no, pero nunca os había hablado de él.
Confieso que mi persona especial, mi amigo especial, es el chico de inglés. Por motivos varios que ya contaré más adelante, he de deciros que no creo que me vuelva a llamar de nuevo, y la verdad es que tampoco se merece que acceda a quedar con él más veces, pero una parte de mí sabe que cuando llegue este fin de semana va a estar esperando su llamada.
Lo más seguro es que, aunque sea sólo por orgullo, no vuelva a quedar con él, pero también he de reconocer que toda esta historia con él ha sido curiosa.
El chico de inglés se desapuntó de las clases en Navidad, y, aunque yo ya me había fijado en él en clase, no me dio tiempo a intercambiar números de teléfono con él. Y que en enero, justo al comenzar de nuevo las clases y decirme la profesora que no iba a volver, que esa misma semana yo tuviera una cita y me lo encontrara a él, me hace pensar una vez más que el destino está ahí. El destino existe y todo lo que nos pasa está escrito.
Yo no sé cómo terminará todo esto, pero estoy segura de que termine como termine, será tal y como tenga que ser.

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