Deshoja tu margarita

Creo que todas las personas hemos deshojado una margarita alguna vez a lo largo de nuestra vida.

Me quiere. No me quiere. Me quiere. No me quiere. Me quiere. Y así hasta que nos quedábamos con el último pétalo.

Yo no sé si vosotros haríais lo mismo, pero yo recuerdo que cuando me salía finalmente el “no me quiere”, cogía otra margarita, contaba los pétalos y empezaba a contar de tal manera que finalmente siempre me diera un “me quiere”.

Quizás fuera por positivismo o quizás fuera porque no me han gustado nunca que me lleven la contraria. O quizás solamente porque esa margarita era lo único a lo que en ese momento te aferras.

Puede parecer estúpido, pero cuando eres un niño, te crees que una simple margarita tiene la respuesta a si le gustas a menganito o a fulanito.

Está claro que todo esto es producto de una mente infantil y completamente inocente, porque ahora mismo, por muchas margaritas que pueda deshojar, estoy totalmente convencida de que, aunque salga lo que quiero que salga, voy a tirar la margarita y voy a seguir con mi vida y mis pensamientos como si nada.

Quizás ese sea el error. Es posible que por pensar que tenemos razón en todo, nos equivoquemos constantemente. Una margarita no nos va a solucionar nada ni nos va a dar ninguna respuesta útil, pero el pensar que somos nosotros mismos quienes tenemos la razón en todo y que tenemos razón en todo porque somos quienes mandamos y los mejores, es lo que hace que nos estemos equivocando constantemente. Eso es lo que provoca que, por pensar que somos los más listos y los que más razón tenemos, muchas veces no nos atrevamos a dar el paso y proponernos nuevas metas o ir a por todas, ya sea a por esa persona que nos atrae, un trabajo que queremos conseguir o a por ese coche de oferta que tanto nos gusta.

Y por eso mismo nos falta ese empujoncito. El empujón que nos haría mejorar y que haría que viéramos todas las cosas buenas de lanzarse a por aquellas cosas que deseamos o que en el fondo sabemos que es lo mejor para nosotros.

Una margarita es una simple flor. Puede darnos mil respuestas y podemos arrancar decenas, cientos y miles de pétalos de margarita hasta conseguir la respuesta que queremos, pero si no hacemos todo lo posible por conseguirlo, por mucho que una margarita diga algo, no lo conseguiremos.

Así que deja atrás el área de confort, riega tus margaritas en vez de deshojarlas, y ve a por ese objetivo.

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